Historia
La creación de la segunda sección (Algemesí-Albal) entre 1760 y 1815 fue una de las obras hidráulicas más importantes de la España del siglo XVII. La idea de prolongar la Acequia Real no se hizo realidad hasta el último tercio del siglo XVIII debido sobre todo, a la constante y cerrada resistencia de los regantes tradicionales.
La invariable postura de los usuarios, oponiéndose a las demandas de concesión de riego a nuevas tierras, resulta fácil de entender, puesto que para ellos significaba acentuar el peligro que sus campos sufrieran escasez de agua durante las peores sequías.
Sin embargo, las cosas empezaron a cambiar después de la Guerra de Sucesión. A partir de 1728-32 se percibe como secular oposición a ampliar el riego se resquebrajarse.
De la concesión de riego a una multitud de islotes de secano enclavados en la huerta de la Acequia Real a la prolongación de ésta hacía extensas zonas limítrofes no había sido un paso. El duque de Hijar , señor de Sollana, fue quien puso más empeño en darlo, recurriendo al regadío como fórmula para aumentar sus rentas feudales. La relevante mejora del regadío efectuada en la Acequia Real durante la segunda mitad del siglo XVIII no fue resultado de aplicar ninguna supuesta política hidráulica de la monarquía ilustrada; al contrario, se trató de un acuerdo interno entre regantes y el citado noble, interesado en dotar de riego a las tierras de su señorío de Sollana a fin de transformarlas en arrozales. Don Pedro de Alcántara aprovechó la propicia coyuntura de 1760 para lograr de los regantes de la Acequia Real el necesario permiso para construir la Acequia de Sollana. A cambio de realizar, a su costa, las obras de refuerzo que necesitaban el azud y la Acequia Real se le permitía ampliar el riego hasta sus posesiones en la Ribera Baixa.
La creación de la segunda sección (Algemesí-Albal) entre 1760 y 1815 fue una de las obras hidráulicas más importantes de la España del siglo XVIII
Una vez hechas las obras, los regantes de la Acequia Real se negaron, en 1762, a ratificar la concesión hecha. Ante ello, el Duque de Hijar se vio obligado a recurrir a la monarquía, que estaba impulsando una política hidráulica cada vez más ambiciosa de canales de navegación y regadío en todo España. En marzo de 1765, logró que el Consejo de Castilla reconociera su derecho a construir la Acequia de Sollana. En 1767 consiguió que las autoridades borbónicas desempolvaran el viejo proyecto de prolongar la Acequia Real y, en junio de 1771, le fueron adjudicadas las obras en los términos contemplados en el Privilegio de 1404. Con ello se pasaba de una idea más limitada y modesta (la Acequia de Sollana, para regar 15.600 hanegadas) a un plan de gran envergadura que contempla poner en riego unas 80.000 hanegadas entre Algemesí y Albal (Acequia Proyecto).